El PP, antes abanderado de la anticorrupción, está metido hasta el cuello en la porquería. Casos de financiación ilegal y corruptelas varias: el caso Gurtel, el caso Palma Arena, la batalla por el control de Caja Madrid...
El PSOE parece limpio por el momento, pero aparte de tener un impresionante curriculum de corrupción a finales de los 80 y principios de los 90, uno de los partidos de la federación, el PSC, acaba de ser implicado en casos de corrupción urbanística en Santa Coloma y en otras localidades. Con anterioridad, los tres componentes del tripartito catalán (PSC, ERC, ICV) se vieron envueltos en el asunto de los informes inútiles de la Generalitat: despilfarro de recursos públicos para pagar favores a amiguetes.
Uno de los informes más surrealistas fue el que analizaba la sátira que hacían de Joan Puigcercós (uno de los consellers de ERC) en el programa de humor "Polonia".
El principal partido de la oposición en Catalunya, CIU, denuncia el asunto de los informes inútiles, pero resulta que ellos hicieron exactamente lo mismo cuando estaban en el poder. Paralelamente, la fundación Trias Fargas, vinculada a CIU, recibió 500.000 euros del inefable Felix Millet.
Pero no es la única fundación o formación política que recibió apoyo económico de Millet: también lo recibió la FAES del PP y el Partit per la Independència (PI) de Àngel Colom, una escisión de ERC.
Entretanto, España se enfrenta a la peor crisis económica de las últimas décadas y ningún gobernante parece tener una idea clara de como salir de ella, ni los del gobierno central ni los de las comunidades autónomas. Se siguen poniendo trabas a la creación de empresas y aunque algo ha mejorado, la burocracia sigue siendo una tortura para muchos españoles que quieren emprender proyectos.
Parece que lo único que funciona bien dentro del sector público es la sanidad. En lo demás, el sector privado funciona mucho mejor. Sin embargo, muchas empresas privadas consiguen esta eficiencia a base de pagar salarios mileuristas en Europa, de llevar a sus trabajadores al límite de la extenuación física o psicológica, de explotar a millones de personas en el Tercer Mundo y de destrozar el medio ambiente.
Se despilfarran recursos públicos constantemente, no sólo en informes inútiles, sinó en ministerios inoperantes, campañas institucionales de propaganda, televisiones públicas, embajadas en el extranjero de comunidades autonómas, que duplican funciones de las embajadas españolas, coches oficiales, sueldos de diputados que pocas veces ocupan su escaño o no hacen nada más que votar según unas consignas. Se pierde tiempo y dinero en resucitar zombies del pasado, como las veguerías catalanas.
¿Cuales son las alternativas políticas? ¿Partidos fascistas nostálgicos del franquismo, partidos filonazis? ¿Partidos de extrema izquierda que justifican o directamente apoyan el terrorismo? ¿Partidos de ecologismo radical que pretenden una vuelta a las cavernas?
Los que optan por la abstención son estigmatizados como antidemócratas y se les niega el derecho a quejarse. ¡Como si el derecho de criticar al gobierno no fuera consustancial a la democracia y sólo se ganara votando!
Parecería que el único voto digno y demócrata a la vez sería el voto en blanco. Pero el voto en blanco sólo es una queja, una pataleta, y sólo tendría utilidad si millones de ciudadanos votaran masivamente en blanco... Aunque, después de leer el "Ensayo sobre la lucidez" de Saramago (donde la población de un país vota en blanco de manera abrumadora), casi que se me quitan las ganas de desear una situación así.
¿Qué se puede hacer para recuperar la confianza en la política? ¿Alguna idea?


















